PABLO PERDIDO EN EL CASTILLO

















Hace  mucho  tiempo  en la localidad alicantina de Petrer vivía un niño de diez años al que todos llamaban Alvarito. 


Alvarito, como cualquier niño de su edad, jugaba con sus amigos  en la loma donde se levanta el derruido castillo árabe.  Todos los críos que habían crecido en la loma quedaban todas las tardes para juguetear en la explanada del castillo. Aquel día Alvarito  organizó una
pandilla a la que llamó la pandilla del Ragón.  Alvarito se
divertía mucho con sus amigos y en ese momento era el capitán del grupo. Más tarde, la cuadrilla de Alvarito se convirtió en una de las más importantes de todo Petrer. 
    
Un día, Álvaro pasaba el tiempo jugando con sus amigos al escondite en el castillo cuando Pablo, uno de los  niños de la pandilla, fue el más pillo y aprovechó que estaban escondidos para  empezar a curiosear por los lugares secretos que tenía el castillo.  Andando en solitario por el interior del castillo descubrió un túnel abovedado. Pero él no sabía que ese túnel existía y dijo: "¡Ahí va! ¿Qué  es esto?". 

Cuando se atrevió a bajar por ese túnel vio que estaba muy oscuro. luego encendió una linterna y dijo impresionado "Parece que estoy buscando el tesoro de la tumba de Tutankamon. Esto se pone interesante". No se había equivocado, y conforme iba bajando las escaleras descubrió un baúl que contenía un valioso  tesoro repleto de monedas de oro. Pablo  pensó que podía ser el tesoro de un rey sarraceno que vivió durante mucho tiempo en este castillo. Más tarde, Pablo cogió un par de monedas que había ese baúl y se las llevo a casa, y las guardó en una caja de galletas donde permanecerían guardadas. 

Todos los de la banda se dieron cuenta que Pablo no estaba. Dieron la vuelta al castillo para buscarle. Pasaban las horas, en el reloj de la iglesia daban las dos. No había rastro de él en ninguna parte.  Alvarito alzó la voz  "¡Pablo! ¿Estás ahí?". Todos los críos recorrieron la loma entera. Álvaro le pregunto a un señor del barrio "señor, ¿ha visto a un niño por aquí?",  "no, jovencito. No he visto ningún niño por aquí". Respondió el señor amablemente.  Álvaro le explicó "era uno rubio, gordo".  Aquel señor no había recordado ver a ningún niño.  Ya  era tarde y todos los críos regresaron hacia sus casas.  

Cuando Alvarito llegó a casa a comer con una hora de retraso, su madre le reprochó diciéndole  "Escucha, hijo ¿qué horas son estas? ¿dónde has estado?  Me has tenido todo este tiempo  preocupada. Alvarito dijo "Estaba yo jugando con mis amigos en el castillo cuando no enteramos que había desaparecido Pablo". Alvarito muy molesto y ansioso le dijo a su madre "mamá, no me puedo creer que se fuera sin decirnos nada". Su madre le dijo "no te preocupes cariño, ya aparecerá en cualquier momento".
     





Alvarito se sentía preocupado y pensó que él era el responsable  de la desaparición de su amigo.  Sollozando se fue directo hacia  su dormitorio sin poder probar su plato favorito de fasiuras que  su madre Soledad  le había preparado con mucho cariño.                                                                                                                                                               
Esa noche Alvarito estaba hecho trizas de lo mal que lo había pasado todo el día. Y amanecía nuevo y soleado día. Ese día Alvarito y toda la pandilla le pidieron cuentas a Pablo.

 


Aquel día Pablo se reunió con la pandilla en el castillo. "Pero ¿qué os pasa a vosotros? ¿Qué son estas caras”? Ninguno le hablaba y no le hacían ni caso. Álvaro le dijo "menuda preocupación que nos hiciste pasar ayer. ¿Dónde estabas?".  "Ya os lo contare en otro momento" dijo Pablo. Pablo se disculpó y dijo "lo siento". Álvaro dijo "yo también lo siento, si te pasa algo la culpa es nuestra".  Pablo se arrodilló como el Cid y juró a todos que no lo haría más.
  Álvaro dijo "yo, como jefe de esta pandilla, he decido que estas perdonado"
Todos los amigos le abrazaron a Pablo. Y así Pablo volvió a ser feliz para siempre   



















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